Proyecto de ilustraciones de Santiago en 100 palabras
CONJETURA
CONJETURA
Parado en la punta del último cerro de Valparaíso, un
hombre sucio y viejo mira al horizonte y observa cómo
el monstruoso Santiago se acerca vertiginosamente.
Alejandro Feres, 16 años, Ñuñoa
Incógnitas
Nunca nadie supo quién era su remitente, de dónde
procedía o cuál era el contenido de aquella carta. Pero
después de ese momento nunca dejó de sonreír.
Daniela Faune, 20 años, Santiago
Ingenuidad de niño
La ingenuidad de los niños da para todo. Juanito
creía que los buses oruga, en algún momento, se
convertirían en mariposas.
Álex Soto, 40 años, Santiago
Forestal. Me cagó en el puente Pío Nono. Odio las
palomas de esta ciudad.
Juan Pablo Ruiz, 23 años, Santiago
Primero fuimos al vertedero, posteriormente al Instituto
Médico Legal, para terminar en la Posta Central.
Sin dudas, ella era la indicada. Nadie en su sano
juicio acepta ir a esos lugares como primera cita.
Rodrigo Yanzon, 33 años, San Bernardo
Derecho a réplica
Está bien, si tenemos que terminar, así será. Terminamos.
Pero ni loca pienses que voy a devolvértelo
todo. Las risas que te saqué en el Parque Forestal no
te las devuelvo ni muerto. El puñado de orgasmos en
los moteles de Marín, tampoco.
Neal Jaque, 23 años, Lo Barnechea
Mi increíble papá
Premio del público 2007
Vivo con mi papá en un pequeño departamento de
Portugal con Avenida Matta. Trabaja todo el día y llega
tarde a casa. Siempre anda con ojeras, pero sonríe
cada vez que me ve. Me mete a la cama y se queda a
mi lado contándome cuentos hasta que me duermo.
Una noche fingí dormir y me levanté para ver qué
hacía. Lo descubrí poniéndose su traje especial. Una
peluca y maquillaje protegían su identidad secreta y
en una cartera llevaba sus aparatos y artefactos. Así,
enfundado en mallas, salía todas las noches. Mi papá
es un superhéroe.
Diego Guzmán, 21 años, Providenci
Estaba parada en medio de la gente, pero eso no la
detuvo. Poco a poco hurgó en su cartera y con una sola
mano, sin mirar a nadie, comenzó. Primero encrespó
sus pestañas con una cuchara de té, después sacó un
rímel y, sin espejo ni nada, se pintó mientras el Metro
se detenía. Pero no perdió el equilibrio y siguió. Luego
los labios. Sin necesidad de mirarse sabía exactamente
dónde pintar. Un poco de rubor y estaba lista. Le tomó
cinco estaciones lo que a Da Vinci le costó años. Se
convirtió en un rostro perfecto: una mona lisa.
Romina Puga, 25 años, Santiago
Mención honrosa 2008
Había una vez un hombre que tenía la cabeza vuelta
hacia atrás y al caminar nunca supo si avanzaba o
retrocedía. En la desesperanza habitaba constantemente
y su confusión se agudizaba al cruzarse en la
calle con sus amigos y vecinos, quienes no sabían si
decirle hola o adiós, porque nunca comprendieron si
iba o venía.
Viviana Trujillo, 39 años, Graneros
Tercer lugar 2008
Un payaso harapiento caminaba por la berma en el
sentido contrario de la autopista. En su mano llevaba
un bidón y tenía las manos manchadas con grasa. Su
cara pintada de blanco hacía resaltar una nariz roja
y grande. Desde la ventana de un auto un niño lo vio
pasar. Esa noche no pudo dormir. Se quedó pensando
qué le hacían a los payasos si llegaban tarde al circo.
Rodrigo Fernández, 23 años, Vita
creía que los buses oruga, en algún momento, se
convertirían en mariposas.
Álex Soto, 40 años, Santiago
El engaño
La vi por Marcoleta. La seguí por todo el ParqueForestal. Me cagó en el puente Pío Nono. Odio las
palomas de esta ciudad.
Juan Pablo Ruiz, 23 años, Santiago
Sello
Mención honrosa 2007Primero fuimos al vertedero, posteriormente al Instituto
Médico Legal, para terminar en la Posta Central.
Sin dudas, ella era la indicada. Nadie en su sano
juicio acepta ir a esos lugares como primera cita.
Rodrigo Yanzon, 33 años, San Bernardo
Está bien, si tenemos que terminar, así será. Terminamos.
Pero ni loca pienses que voy a devolvértelo
todo. Las risas que te saqué en el Parque Forestal no
te las devuelvo ni muerto. El puñado de orgasmos en
los moteles de Marín, tampoco.
Neal Jaque, 23 años, Lo Barnechea
Mi increíble papá
Premio del público 2007
Vivo con mi papá en un pequeño departamento de
Portugal con Avenida Matta. Trabaja todo el día y llega
tarde a casa. Siempre anda con ojeras, pero sonríe
cada vez que me ve. Me mete a la cama y se queda a
mi lado contándome cuentos hasta que me duermo.
Una noche fingí dormir y me levanté para ver qué
hacía. Lo descubrí poniéndose su traje especial. Una
peluca y maquillaje protegían su identidad secreta y
en una cartera llevaba sus aparatos y artefactos. Así,
enfundado en mallas, salía todas las noches. Mi papá
es un superhéroe.
Diego Guzmán, 21 años, Providenci
La mona lisa
Estaba parada en medio de la gente, pero eso no la
detuvo. Poco a poco hurgó en su cartera y con una sola
mano, sin mirar a nadie, comenzó. Primero encrespó
sus pestañas con una cuchara de té, después sacó un
rímel y, sin espejo ni nada, se pintó mientras el Metro
se detenía. Pero no perdió el equilibrio y siguió. Luego
los labios. Sin necesidad de mirarse sabía exactamente
dónde pintar. Un poco de rubor y estaba lista. Le tomó
cinco estaciones lo que a Da Vinci le costó años. Se
convirtió en un rostro perfecto: una mona lisa.
Romina Puga, 25 años, Santiago
El hombre
Mención honrosa 2008
Había una vez un hombre que tenía la cabeza vuelta
hacia atrás y al caminar nunca supo si avanzaba o
retrocedía. En la desesperanza habitaba constantemente
y su confusión se agudizaba al cruzarse en la
calle con sus amigos y vecinos, quienes no sabían si
decirle hola o adiós, porque nunca comprendieron si
iba o venía.
Viviana Trujillo, 39 años, Graneros
Tarde al circo
Tercer lugar 2008
Un payaso harapiento caminaba por la berma en el
sentido contrario de la autopista. En su mano llevaba
un bidón y tenía las manos manchadas con grasa. Su
cara pintada de blanco hacía resaltar una nariz roja
y grande. Desde la ventana de un auto un niño lo vio
pasar. Esa noche no pudo dormir. Se quedó pensando
qué le hacían a los payasos si llegaban tarde al circo.
Rodrigo Fernández, 23 años, Vita
PROCESO












